lunes, 31 de octubre de 2022

Canzoncina - Cancioneta


Descubrí hace un par de años la música de Pierangelo Bertoli (1942-2002). Él fue un cantautor italiano comprometido con los temas civiles, sociales y políticos. Sus textos son directos, a veces agresivos, y reflejan la situación hostil vivida a diario por la gente común en la calle o el centro de trabajo. Contrajo poliomielitis a los diez meses de edad y siempre tuvo que desplazarse en una silla de ruedas.



Vorrei la voce forte che non ho
La musica più dolce che ci sia
Vorrei parlarti, frasi che non so
Per dirti che vorrei che fossi mia
Per sbandierarti a tutti all'infinito
Per aiutarti nella verità,
Per non legarti ai ceppi di un partito
Mia tanto sospirata libertà

Amarti come non ho amato mai
Senza possesso, senza gelosie
Senza l'ambiguità dei parolai
E le culture fatte di bugie
Per darti finalmente a chi ti chiede
E respirare la felicità
Senza inchiodarti al sangue 
    di una fede
Amore mai scordato…libertà

Desearía una voz fuerte que no poseo
La música más dulce que existiese
Quisiera expresarte frases que no sé
Para decirte que anhelo fueses mía
Para alardear de ti una y otra vez
Para ayudarte con la verdad,
Sin atarte a los grilletes de un partido
Mi tan suspirada libertad 

Amarte como no he amado nunca
Sin posesión, sin celos
Sin la ambigüedad de los habladores
Y las culturas hechas con mentiras
Para otorgarte por fin a quien te pida
Y respirar la felicidad
Sin clavarte a la sangre 
    de una fe
Amor jamás olvidado... libertad







martes, 10 de noviembre de 2020

Botón rojo

 


Faltaba una hora para el amanecer. El hombre estaba furioso. Había abandonado abruptamente el elegante hotel donde sus partidarios seguían vitoreándolo cada vez con menos energía y con un limitado séquito había regresado a la mansión. No iba a dar discursos ni aceptar ningún resultado. El Marine One lo depositó en el jardín. Se asomó por un instante en el salón donde ocho enormes pantallas daban cuenta de las noticias más recientes. Decenas de personas atendían las computadoras donde se desplegaban los últimos datos. Entró a grandes zancadas en la enorme oficina, y aventó la puerta en las narices de sus asistentes. Necesitaba estar solo. Se aflojó la corbata. Abrió el primer cajón de la derecha del escritorio y sacó un paquete de mentitas, que destapó violentamente; unas cayeron al piso y rodaron hacia atrás, debajo de la ventana flanqueada por las dos banderas.
No existía duda alguna. Había perdido la elección. No lo iba a aceptar públicamente. La pregunta que le resonaba insistente, que repiqueteaba incesante como una campana era: ¿cómo fueron posibles estos números tan desfavorables? ¿Cómo fue que su mensaje que ofrecía esperanza y un camino hacia mejores horizontes no hubiese sido atesorado por los electores? Pero el asunto no estaba acabado. ¿Qué hacer ahora? Reconocer la derrota: jamás. Iba a clamar al fraude y a la inconsistencia de las votaciones por correo, cuyos resultados tardarían en contabilizarse por completo. Se iría a los tribunales y esto consumiría mucho tiempo. Habría que escuchar a los leguleyos.
O pensar en algún distractor. Tenía que mantenerse en el poder.
Él no había fallado. Era evidente que había sustentado una excelente campaña, a lo largo y ancho del país, con reuniones atestadas de simpatizantes, aclamado por sus partidarios y aprobado por gran parte de los comentaristas de los medios radiofónicos y televisivos. Miró las dos pastillas en la palma de la mano y las introdujo en la boca.
Él no había fallado. Sus estrategas y asesores de campaña se demostraron inferiores a las necesidades que este momento histórico exigía. Estaba rodeado de inútiles. Traidores. Estúpidos. Ya no se podía dar marcha atrás. 
Él no había fallado. Ganó en ambos debates sobre su soñoliento adversario, exponiendo argumentos más contundentes, defendiéndose de las fake news. Malditos periodistas que se le echaron encima como perros de presa, hundiendo en sus carnes las afiladas preguntas. Combatió con energía y salió adelante.

La culpa era de los chinos. Ello fueron quienes construyeron y liberaron el maldito virus. Así es. Su inconfesable derrota fue causada por el pinche virus chino. Llegó en algún vuelo, se dispersó por toda la nación con su séquito catastrófico de muertes y desempleo. Era mentira que él lo había minimizado. Interpretaron mal sus palabras, como siempre hacían. Su preocupación fue no crear pánico entre la población: caída de la bolsa, disturbios en las calles, asaltos por comida y armas, suicidios. Todo esto él y solo él, había logrado evitar a su desagradecido pueblo.
¿Qué no se cuidaba y se había enfermado? Él debía dar el ejemplo, como jefe supremo de las fuerzas armadas: no podía escudarse tras una mascarilla, sino dar la cara y el pecho al enemigo. De frente, sin tapujos. Dijeran lo que dijeran los expertos epidemiólogos y las alimañas científicas.
«Pinches chinos».
Tocó el timbre rojo. Entró de inmediato el asistente militar con la abultada bolsa negra que afectuosamente era apodada 'Nuclear Football'. Se quedó con ella y despidió al militar. «Pinches chinos».
Tomó otro par de mentitas, que despedazó con los molares. Abrió la bolsa. Él tenía la autoridad constitucional para hacerlo. No tenía que consultar con nadie.
Adentro estaban dos libros y los códigos de lanzamiento. En el primer libro escogió rápidamente los blancos. En la cartera tenía sus códigos personales de identificación, el 'código de oro' protegido en un estuche plástico que tuvo que romper: por eso la llamaban "Galleta". Se sonrió, pensando en las galletas chinas de la suerte, con adentro la tira de papel doblada con palabras de sabiduría o profecía. «Ya verán. Pinches chinos».
La antena de la bolsa lo comunicó automáticamente con el Pentágono. El oficial a cargo autenticó la orden presidencial y la transmitió a su destino.
El hombre se recostó en el sillón, satisfecho. Levantó el teléfono. 
El secretario Allen acababa de acostarse. Apagó la luz. Su mujer musitó algunas palabras incomprensibles. Él había seguido parcialmente el resultado de las votaciones en el Pentágono y, ya convencido de las tendencias, pidió el coche para regresar a casa. El teléfono lo sacó de la somnolencia: vio en la pantalla que la llamada venía de "POTUS". Se sentó de inmediato y contestó. La conversación duró menos de un minuto. Se vistió apresuradamente, abordó la limusina que siempre lo esperaba y se dirigió hacia el 1600 de la Avenida Pennsylvania.
El submarino balístico USS Wisconsin, clase Ohio, surcaba a media profundidad el Pacífico, a unas millas de las aguas territoriales de la potencia asiática. Llevaban cuarenta días sumergidos. El equipaje Oro estaba casi por cumplir su rotación y en un par de semanas regresarían a la base para ser reemplazados por la tripulación Azul. Todo parecía en calma. El sistema criptográfico empezó a emitir letras desordenadas, sin sentido aparente. El traductor compiló la nueva hoja y, asombrado, la llevó al comedor de oficiales. El capitán, una taza de té en la mano, charlaba de futbol. Empezó a leer el mensaje. Su cara se transmutó y se levantó como impulsado por un resorte. Corrió al centro de comunicaciones. Pidió contacto con el Pentágono. Le confirmaron que la decisión venía del presidente y tenía el aval del secretario de la defensa. Ordenó que se activara la alarma. Con la llave que siempre le colgaba del cuello abrió la caja fuerte y extrajo un ancho sobre amarillo. Jaló el cordel para rasgar un extremo. Encontró en el interior la libreta con los códigos de autentificación y dos llaves. Entregó una al jefe de armamento. Comparó los códigos anotados con los recibidos. Coincidían. Ambos se sentaron frente a la consola; los otros tripulantes, inquietos, seguían sus movimientos con el corazón latiendo apresurado y se miraban entre sí con desconcierto mientras pensaban en sus lejanas familias. El comandante buscó en la libreta las indicaciones según las órdenes recibidas. De forma manual marcaron los códigos. Destaparon los protectores de seguridad. Introdujeron las llaves. Contaron: uno, dos, tres y les dieron la vuelta simultáneamente. Seis botones rojos se iluminaron, uno por cada cohete. El capitán empujó con suavidad el primero, mientras rezaba una plegaria. Se dedicó de inmediato a los siguientes blancos.
Desde las profundidades del océano se abrieron las compuertas, y el agua salada inundó los tubos de lanzamiento. El misil Trident II D5 LE con ojivas atómicas múltiples W88 de 475 kilotones salió impulsado por el gas comprimido sacudiendo violentamente el submarino y transmitiendo vibraciones a toda la estructura. Después de un corto trayecto en el agua, alcanzó la superficie originando inmensos chorros de agua, y se elevó hacia el cielo. Ascendió durante dos minutos hacia la altura de crucero para luego iniciar su recorrido a 6 km por segundo. Llegaría a su destino en menos de tres minutos.
Mientras, los habitantes de Wuhan se aprestaban a salir de los centros de trabajo, las fábricas, las escuelas, los cines, los negocios. En algunas casas comenzaban los preparativos para la cena inminente. El cielo estaba parcialmente nublado. El sol estaba ya bajo sobre el horizonte, a unos minutos de ocultarse.
La explosión sobre la ciudad tuvo el destello y la potencia de mil soles.
«Pinches chinos».

"Un juego extraño. La única forma de ganar es no jugar. ¿Qué tal una partida de ajedrez?"
WarGames (1983)


PDC


martes, 29 de octubre de 2019

Adentro




Yo soy un asesino.  Un asesino silencioso.  Te voy a matar en las siguientes horas.  No tienes manera de escaparte.
Ándale, corre.  Corre a revisar los cuartos, enciende todas las luces, asegura puertas y ventanas. Busca abajo de las camas, adentro de los clósets; puedes registrar el basamento o el ático.  Todo esto es inútil: es más, sólo aumentará tu ansia y tu fatiga.  Un punto más a mi favor.  Nunca, nunca me hallarás.  No tienes chance alguna.  No tienes como defenderte.  Ese revólver en la mano no te va a servir para nada.  No importa que llames al 911 o a quien quieras.  Nadie puede ayudarte o salvarte ahora.  Y te aseguro que estoy en la casa, cerca, muy cerca de ti, y te voy a matar.  Muy pronto.  Estás condenado.
Te he estado observando desde hace algunas horas.
"¿Por qué yo?" y "¿Qué he hecho?", te estarás preguntando.  Ha sido totalmente al azar.  Tú y yo cruzamos nuestros caminos y te escogí, porque llenas mis instintos naturales y mis expectativas.  Así que por favor, no lo tomes a mal.  Apuesto que en este momento estás tratando de recordar qué hiciste el día de hoy.  ¿Dónde y cuándo nos conocimos?  ¿Estaba yo entre los clientes del Starbucks, era uno de los pasajeros del Metrobus?  ¿O estaba yo en la cola de los elevadores del World Trade Center?  O quizá soy uno de tus compañeros de trabajo.  O soy el chofer del Uber que pediste en la tarde.  Quizá soy uno de los compañeros del taller de creación literaria.  No desperdicies el precioso tiempo que te queda en estas digresiones.
Tu morirás, y muy pronto.
¿Empiezas ya a percibir cómo tu corazón late más rápido, como las palmas están sudando, como se está haciendo difícil el respirar?  Apúrate, termina la lectura, antes que la vista empiece a hacerse borrosa y tus manos inicien a temblar sin control.
Cuando recibiste esta hoja de papel fuiste seleccionado y condenado.  Yo estaba allí.
Ahora me estoy multiplicando en tus tejidos vitales después de invadir tu torrente sanguíneo.  Esa manía tuya de tocarte la cara a cada rato facilitó como no tienes idea mi misión.  En este instante estoy entrando en tus pulmones, tus riñones, tu cerebro para destruir tus células y llevarme tu vida.  Como te dije al principio, yo soy un asesino.  Un microscópico asesino silencioso. Un virus.

PDC


jueves, 7 de febrero de 2019

Time - El tiempo

Composición de Max D. Barnes, pista 3 del album "Time" de 2002

Una canción llena de metáforas de descarnado realismo, que ofrece mucho para meditar.
En la extraordinaria voz de Ray Price, una leyenda del Country



Time is a monster
That lives in our clocks
It's heartless and
Shows no remorse
Consuming our future
As we fight
That hundred year war

Time is a soldier
Steady and true
Relentlessly trudging along
And time takes no prisoners
Nothing but time marches on

Time is a weapon,
It's cold and it's cruel
It knows no religion
And plays by no rules
Time has no conscience,
When it's all said and done
Like a beast in the jungle
That devours its young

You can burn up the highway
Fly like the wind
Run down those long shiny rails
But time's right behind you
Like a hound dog
That's hot on your trail

But we're all in the same boat
So just hold on
And ride to the end of the line
Time waits for no one
Everyone runs out of time

Time is a weapon,
It's cold and it's cruel
It knows no religion
And plays by no rules
Time has no conscience,
When it's all said and done
Like a beast in the jungle
That devours its young
El tiempo es un monstruo
Que vive en nuestros relojes
Es despiadado y
No tiene remordimientos
Va consumiendo nuestro futuro
Mientras luchamos
Esa guerra de cien años

El tiempo es un soldado
Resuelto y constante
Marchando fatigosamente sin descanso
Y el tiempo no toma prisioneros
El tiempo sólo avanza

El tiempo es un arma,
Es frío y cruel
No conoce religión
Y no sigue regla alguna
El tiempo no tiene conciencia,
Cuando todo está dicho y hecho
Como una bestia en la jungla
Que devora sus crías

Puedes quemar la carretera,
Volar como el viento
Recorrer esos largos carriles brillantes
Pero el tiempo está justo detrás de ti
Como un perro de presa
Que persigue tu rastro

Pero estamos todos en el mismo barco
Así que aguanta
Y viaja hasta el final del recorrido
El tiempo no espera a nadie
Y a todo mundo se le agota el tiempo

El tiempo es un arma,
Es frío y cruel
No conoce religión
Y no sigue regla alguna
El tiempo no tiene conciencia,
Cuando todo está dicho y hecho
Como una bestia en la jungla
Que devora sus crías



martes, 27 de septiembre de 2016

Sapo cancionero - Rospo canzoniere

Jorge Hugo Chagra, odontologo y músico de San Salvador de Jujuy, Argentina, es el autor de la música, y los versos son un extracto del poema 'Sapo trovero' del actor y poeta chileno Alejandro Flores Pinaud

La propongo en la voz de Facundo Saravia




Sapo de la noche
sapo cancionero
que vives soñando
junto a tu laguna
tenor de los charcos
grotesco trovero
estás embrujado de amor
por la luna.

Yo sé de tu vida
sin gloria ninguna
sé de la tragedia
de tu alma inquieta
y esa tu locura
de adorar a la luna
que es locura eterna
de todo poeta.

Sapo cancionero
canta tu canción
que la vida es triste
si no la vivimos
con una ilusión.

Tu te sabes feo
feo y contrahecho
por eso de día
tu fealdad ocultas
y de noche cantas
tu melancolía
y suena tu canto
como letanía.

Repican tus voces
en franca porfía
tus coplas son vanas
como son tan bellas
no sabes acaso
que la luna es fría
porque dio su sangre
para las estrellas

Sapo cancionero
canta tu canción
que la vida es triste
si no la vivimos
con una ilusión.
Rospo della notte
rospo canzoniere
che vivi sognando
nella tua laguna
tenore delle pozze
grottesco troviero
sei stregato d'amor
per la luna.

Io conosco la tua vita
senza gloria alcuna
conosco la tragedia
della tua anima inquieta
e questa tua pazzia
di adorare la luna
che è pazzia eterna
di ogni poeta.

Rospo canzoniere
canta la tua canzone
perché la vita è triste
se non la viviamo
con una illusione.

Tu sai che sei brutto
brutto e ripugnante
per questo di giorno
nascondi la tua bruttura
e la notte canti
la tua malinconia
e il tuo canto suona
come litania.

Suonano i tuoi versi
in franca ostinazione
le strofe sono inutili
como sono belle
non sai forse
che la luna è fredda
perché ha dato il sangue
per tutte le stelle.

Rospo canzoniere
canta la tua canzone
perché la vita è triste
se non la viviamo
con una illusione.

jueves, 26 de mayo de 2016

Que reste-t-il de nos amours - Qué es lo que queda de nuestros amores?

Letra de Léo Chauliac y Charles Trenet, música de Charles Trenet, quien la grabó en 1943.
La traducción anglosajona, 'I wish you love' no tiene nada que ver con el texto original.
La versión de Trenet es parte la columna sonora de la película 'Baisers volés - Besos robados' de François Truffaut, cuyo título está tomado de una de las frases de la canción




Ce soir le vent qui frappe
à ma porte
Me parle des amours mortes
Devant le feu qui s' éteint
Ce soir c'est une chanson d' automne
Dans la maison qui frissonne
Et je pense aux jours lointains

Que reste-t-il
de nos amours
Que reste-t-il
de ces beaux jours
Une photo, vieille photo
De ma jeunesse
Que reste-t-il
des billets doux
Des mois d' avril, des rendez-vous
Un souvenir qui me poursuit
Sans cesse

Bonheur fané,
cheveux au vent
Baisers volés, rêves mouvants
Que reste-t-il de tout cela
Dites-le-moi

Un petit village,
un vieux clocher
Un paysage si bien caché
Et dans un nuage le cher visage
De mon passé

Les mots les mots tendres
qu'on murmure
Les caresses les plus pures
Les serments
au fond des bois
Les fleurs qu'on retrouve
dans un livre
Dont le parfum vous enivre
Se sont envolés pourquoi?
Esta noche el viento que toca
 a mi puerta
Me habla de los amores muertos
Frente al fuego que se extingue
Esta noche es una canción de otoño
En la casa que se estremece
Y yo pienso a los días lejanos

Qué es lo que queda
de nuestros amores
Qué es lo que queda
de esos hermosos días
Una fotografía, vieja foto
De mi juventud
Qué es lo que queda
de las cartas de amor
De los meses de abril, de las citas
Un recuerdo que me persigue
Sin descanso

Felicidad desvanecida,
cabellos al viento
Besos robados, sueños alterados
Qué es lo que queda de todo eso
Díganmelo

Una pequeña aldea,
un viejo campanario
Un paisaje muy bien escondido
Y en una nube el amado rostro
De mi pasado

Las palabras las palabras
tiernas que se susurran
Las caricias las más puras
Las promesas
en la espesura de los bosques
Las flores que se encuentran
dentro un libro
Cuyo perfume te embriaga
Han desaparecido porqué?


miércoles, 4 de junio de 2014

Avec le temps - Con el tiempo

Letra y música de Léo Ferré (1969). Decía que la compuso en dos horas!
Una canción universal, quizás una de las canciones más tristes y estremecedoras... y tan verdadera... De las que escuchas con una lágrima en el borde del párpado...

Al final la versión en italiano, "Col tempo", ésta en la voz de Patty Pravo. Hay otras excelentes versiones italianas de Gino Paoli, Franco Battiato y de Dalida. El texto italiano es de Medali.




Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
On oublie le visage et l´on oublie la voix
Le cœur, quand ça bat plus,
C´est pas la peine d´aller
Chercher plus loin, faut laisser faire
Et c´est très bien

Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
L´autre qu´on adorait,
Qu´on cherchait sous la pluie
L´autre qu´on devinait au détour d´un regard
Entre les mots, entre les lignes et sous
Le fard d´un serment maquillé
Qui s´en va faire sa nuit

Avec le temps tout s´évanouit

Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
Même les plus chouettes souv´nirs
ça t´as une de ces gueules
A la gal´rie j´farfouille dans
Les rayons d´la mort
Le samedi soir quand la tendresse
S´en va toute seule

Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
L´autre à qui l´on croyait pour un rhume,
Pour un rien
L´autre à qui l´on donnait du vent
Et des bijoux
Pour qui l´on eût vendu son âme
Pour quelques sous
Devant quoi l´on s´traînait comme
Traînent les chiens

Avec le temps, va, tout va bien
Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
On oublie les passions
et l´on oublie les voix
Qui vous disaient tout bas les mots
Des pauvres gens
Ne rentre pas trop tard, surtout
Ne prends pas froid

Avec le temps...
Avec le temps, va, tout s´en va
Et l´on se sent blanchi
Comme un cheval fourbu
Et l´on se sent glacé dans un lit de hasard
Et l´on se sent tout seul peut-être
Mais peinard
Et l´on se sent floué
par les années perdues

Alors vraiment... avec le temps...
On n´aime plus
Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
Olvidas la cara y olvidas la voz
Cuando el corazón ya no palpita,
No vale la pena
Buscar más lejos, hay que dejar las cosas
Como están, y eso está muy bien

Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
Aquella que adorabas,
La que buscabas bajo la lluvia
Aquella que adivinabas al volver una mirada
Entre las palabras, entre las líneas y bajo
La pintura de un juramento maquillado
Que va a hacer su noche

Con el tiempo todo se desvanece

Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
Hasta los más bonitos recuerdos
"Tienes unas de esas caras"
En el almacén busco entre
Los estantes de la muerte
El sábado en la noche cuando la ternura
Se va toda solitaria

Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
La otra a quien creías por un resfriado,
Por una nada
La otra a quien regalabas el viento
Y las joyas
Por la cual habrías vendido tu alma
por unos centavos
Delante de la cual te arrastrabas como
Se arrastran los perros

Con tiempo, vaya, todo está bien
Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
Olvidas las pasiones
y olvidas las voces
Que te decían en voz baja las palabras
De las gentes sencillas
"No regreses muy tarde, sobre todo
No te enfríes"

Con el tiempo...
Con el tiempo, se va, todo se va
Y te sientes encanecido
Como un caballo rendido
Y te sientes helado en una cama de azar
Y te sientes todo solo quizás,
Mas tranquilo
Y te sientes estafado
por los años perdidos

Entonces de verdad... con el tiempo...
Ya no se ama