martes, 20 de agosto de 2013

Sólo para ginecólogos

Conocí a Juan Lonngi Herrera en la Sección de Biología Celular de la unidad de Investigación Biomédica del IMSS en el otrora llamado Centro Médico Nacional, allí por 1974. Una de sus aficiones, además de los bonsais y otras más, es escribir. Publicó en 2007 una recopilación de sus cuentos "Testimonios inciertos". De allí tomo prestada esta carta, escrita en 1978, ya que la quiso volver a leer mi querida amiga Patricia G.




Querido Papá Nicolao:

  Hace ya varios ciclos menstruales que he intentado escribirte pero por un periodo u otro no lo había hecho hasta hoy. Lo que pasa, papi, es que me he vuelto muy flujo, ya no soy el mismo Gram de antes, cuando era todo un endometrio proliferativo, lleno de Giemsa y con sueños de azul de metileno.
  Parece que fue ayer cuando el aire se envolvía en aromas de naranja de acridina y violeta de genciana, cuando las tardes vaginales treponémicamente pálidas, despertaban los sueños uretrales solamente interrumpidos por algún relampagueante implante que ponía nota de angustia y embarazo en los enamorados.
  Quién podría olvidar aquellas noches donde el cintilador de centelleo iluminaba de fluorescencia el firmamento dibujando una noche emulsionada de plata, y las damitas, papi, las damitas que festejaban la llegada de la luna llena amarrándose una venda en el tobillo y hablaban en voz baja muy baja, casi en secretor.
  No cabe duda, papi, la vida es un óvulo, pero fecundado, ves, o sea, ¿no?
  Por eso es que seguimos y seguiremos siendo fieles a la ancestral filosofía clitoriana que alumbra al axioma de: "La no copulación hace a la regla." ¡Que diferente ahora! Todo mundo con dispositivos nuevos, enseñan el cobre la 'T' y la progesterona; se llenan de Lippes los unos a los otros sin importarles si lastiman en su dignidad al estradiol que siempre se ha repetido como su secuencial y seguro servidor, pasando por alto la citología exfoliativa de pasados acontecimientos, fuente amniótica del caos. No existe nada folículo estimulante que ponga al descubierto el aborto profiláctico de la verdad. Está muerto el cuerpo lúteo de la diplomacia. Estamos viviendo en una sociedad espermáticamente aglutinada, sin duchas bautismales. ¿Qué pasa? Bien, volviendo a la regresión lineal de los hechos:
  Todo mundo trae en su rostro una extramarital indiferencia, los humanos arrastran penosamente sus cuerpos amarillos distorsionando el ovario poliquístico de su realidad, para posteriormente emprender la fuga hasta el infinito de la granulosa. El colposcopio de la vida nos dice sottovoce que la humanidad, con su carcinoma de mama, busca ansiosamente receptores para su tremendo mal.
  Mientras tanto, el ciclo estral sigue su displásico destino hasta su climatérica morada. Estamos hasta la vulvitis con tanta planificación familiar, que además, es tan quimérica como pedir que las tricomonas pierdan sus flagelos. Todo cae en el fondo del saco del olvido. Sólo nos resta una cosa, papi, activar nuestras hormonas para que se nos impulse a romper el invulnerable himen de la gloria.

Tu hijo que te quiere,

Miometrio


Carbono 14, 1978

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